Hoy hay ganas de:
Mayo 8th, 2008llorar
Pigo |T| says:
a ese le vamo a da pa q tenga, guarde, y le sobre pal campionato q viene
»¦« nani »¦« says:
hay que cascotearle el rancho
»¦« nani »¦« says:
y robarle el perro
»¦« nani »¦« says:
que sufra
Soy la única enfermita que se pone desodorante después de bañarse justo antes de irse a dormir?
Acaso la ficción es sólo el reflejo de la realidat? O quisás la realidat supera a la ficción? Saquen sus propias conclusiones.

Dado el éxito indiscutido (?) del post de las frases laaacas, acá va un ejemplo ilustrativo del uso de una de mis favoritas:
Monica Beatriz says:
llego la compuuuuu
»¦« nani »¦« says:
al fin un tiro para el lado de la justicia!!
De: Mariana H.
Enviado el: Lunes, 28 de Abril de 2008 03:02 p.m.
Para:
Asunto: novedades
Más shockeante ha sido aún el descubrimiento de que todo lo que cae en la mesada, azúcar, café, migas de pan, comida, agua, etc, no se adhiere automáticamente para siempre a dicha superficie y… se puede limpiar!!!!
Lamentablemente, también han llegado a la conclusión de que los alimentos no permanecen eternamente en buenas condiciones en la heladera.
Ya lavamos todo lo que había sucio en la cocina y quedó todo ordenado, intentemos mantener el orden, no sean unos cochinos asquerosos.
Y un saludo especial para el que dejó el paquetito ese en el lavatorio del baño del fondo, que ni me animo a tocarlo. Igual es Oscar se lo lleva el del moco pegado en la toalla (ARGGGGGGRGRGRGG).
Atte.
Pd: el que quiera, que se caliente, me importa 3 carajos.
* Promoción válida para tazas de la semana pasada sobre los escritorios.
Mariana H.
DPTO. DE DISEÑO
Si yo le pongo al buscador “mochila lnotebook mujer” por qué carachos me tiene que aparecer como primer resultado de la búsqueda una foto de nestor y cristina con los pumas en la pink house???
Estamos (mi super redacción y yo -?-) a full desde que nos despertamos con este tema.
aaaaammmm aaaaaammmm aaaaaammmm
Ayer, cuando volvía de la farmacia, dejé pasar a un nene que venía cruzando con el semáforo en verde y le dije: apurate que te van a pisar, hijo.
Este desorden climático loco se debe a que, finalmente, mi chico cambió el celular. Quienes lean el post pertinente en su blop, notarán que corro peligro de ser desplazada por el nuevo aparatejo. Igual no me importa porque ya no recibiré llamados del tipo: “gshshshh moto…. gisshsshshsh rompió… gshshishshs acceso… gshshsgshsh taller… ghhsnshghss” *fin de la llamada*
Le hacés click aquí, que te explica y te lleva allá, donde te dicen de dónde te lo descargás.
Y te sale el flower power por las orejas :)

Quiero cambiar, quiero hacer otras cosas. Capaz largarme por mi cuenta y tener mis propios tiempos. No tener la hora de almuerzo cronometrada y un tipito diciéndome: no, hoy no comemos.
Todo tiene sus pro y sus contras: mal paga y todo, antes del 4 de cada mes cobro, tengo obra social, alguien se ocupa del quilombo de los aportes, mis compañeros son copados, no tengo trato con los clientes, salgo de casa para ir a trabajar y despejo los pajaritos (por lo menos hasta llegar a la oficina) . Me gustan los horarios, me gusta tener fin de semana y me gusta no estar sóla laburando hasta cualquier hora. Los contras: me pagan mal, soy un número más en una empresa, 100% reemplazable y mis problemas siempre son los últimos de la lista. Lo mismo con mi poder de opinión o libertad creativa.
Por otro lado, trabajando por mi cuenta estaría todo el día en casa (vivir en pantuflas tampoco es positivo) y no sé si tendría la seguridad de un sueldo que cubra mis gastos con la mediana tranquilidad de ahora o estabilidad a largo plazo, cada mes una aventura.
Contra y pro, sí y no, es lo que al mundo da sabor.
Sabrán entender que mi cabeza sea un nudo y no pueda escribir sobre nada entretenido. Escucho opiniones, si es que alguien sigue viniendo por aquí.
Marzo pasó inmutable, sin penas ni glorias, salvo la gloria del Señor resucitado en nuestros corazones (¿?) Durante todo este mes, en el que pasé mis vacaciones en cómodas cuotas, no sentí la necesidad de escribir algo: ni acá, ni en el cuaderno.
Hoy (28 de marzo, no tengo blog para estas fechas), mientras me bañaba preparándome para ir a la recibida masiva de las Alpino, me cayó una catarata de cosas en la cabeza (además de abua) que podría contar. Nada extraordinario, simplemente decir cosas que no me quiero olvidar, hay una parte de mi que cree fielmente que mis hijos van a leer esto y que yo me voy a volver una vieja gagá.
El tema es que me acordé de la Hermana Paulina. Yo fui a un colegio de monjas, de las cuales no tengo mucho que decir a favor pero tampoco en contra. No nos hacían arrodillarnos sobre garbanzos ni nos pegaban con reglas en las manos (que se sigue haciendo en muchos colegios para señoritas, aunque ustet no lo crea) pero tampoco se copaban como las monjas venidas de la guerra del colegio de mi mamá, que se ataban el hábito como chiripá y se prendían a jugar al futbol o al basket. Las monjas de mi colegio tenían microondas, antes que cualquiera de las chicas de mi curso (entre las que había varias con una moneda importante), pero trabajaban también en hospitales cuidando a esos enfermos olvidados que nadie se interesa en cuidar y todos los meses juntaban lo cuadraditos de lana que llevaramos tejitos (yo la ponía a mi abuela chicha, al croché le agarré ahora la onda) para hacer mantas para hogares. Bastante grande me enteré que los hombres tenían próstata porque no estudiábamos el cuerpo masculino. Tenían una perra que se llamaba Peluza, una collie que siempre tenía el pelo mejor que cualquiera de nosotras y que pocas conocían, porque rara vez salía al patio cuando estábamos en horario de clases. Solo unas huellitas de barro de vez en cuando y alguna que otra escapada atestiguaban si presencia.
Un año, cuando ya íbamos por 2do o 3ro de la secundaria (no EGB, y vaya a saber cuando mis hijos lean esto cuál será el sistema educativo) llegó la Hermana Paulina. Una monja minúscula y ¡joven! de Chile, con la guitarra colgada al hombro y el catecismo de la iglesia católica en el maletín. La guitarra era de esperar, el catecismo era necesario pero ¿el maletín? Paulina era medio rara. Rara para ser una monja, claro. Por empezar nos llevaba pocos años y además había tenido novio, casa y lavarropas, de hecho el verano siguiente volvió a Chile para asistir al casamiento de su ex con una amiga de ambos. Era de una familia “bian” la cuál veía como perdida a la hija por meterse a monja, todo lo contrario a lo que pasaba muchos (y cuando digo muchos, hijos, hablo de más de 50) años antes donde toda familia aristocrática debía tener en sus filas algún integrante eclesiástico.
La hermana Paulina hablaba del “llamado” y armó una especie de club de música con alumnas de todos los cursos que al año siguiente hicieron un acto a fin de curso tipo musical de Hollywood pero sin escenografía ni actores masculinos, por supuesto. Requería bastante imaginación, te digo. De todas formas, más de una perica que hasta entonces te taladraba el cerebro cuando cantaba, aprendió a atinar las notas y nos evitarnos una lobotomía involuntaria. De cierta manera, podríamos decir que sacó de cada una lo mejor y realmente se las veía seguras y convencidas de lo que hacían. Después de ese año, las “jefas” del colegio que eran dos: la madre superiora y la monja directora, le dieron el free pass de vuelta para Chile y se terminó la pseudo (pero muy pacata) revolución femenina en el colegio.
Ojo, a mí Paulina nunca me convenció. Yo vi la novicia rebelde, mentendés? Para mí era más lo que creía que tenía que hacer, que las ganas de hacerlo que tenía. Me la imagina rezando y diciendo: dios, ayudame a cambiar la vida de estas niñas, para que NUNCA se olviden de MÍ. Sea como fuere, le ponía ganas, nos hablaba de cosas que nadie más hacía y tenía la última edición del catecismo, por lo cuál enseñaba religión de una manera bastante moderna y provocadora. Así fue como la rajaron y al año siguiente empezó a dar catequesis la rectora que era una loca con nombre de planetas y autoconsagrada al celibato. Hijos, cuando sean grandes van a entender a qué me refiero con esta cortísima pero exacta descripción.
En un giro tremendo de este relato, estuve leyendo un poco sobre Victoria Ocampo y cómo le fue tan difícil en su época publicar y ser considerada miembro del clan literario. A veces uno da por sentado algunas cosas, yo pertenezco a la segunda generación de mujeres universitarias en mi familia. La segunda, en el año 2000. De hecho, la mamá de las Alpino, genias que rindieron ayer sus últimas materias, estudió de grande, con mucha paciencia y esfuerzo y es una futura contadora, orgullo de sus hijas y del Luí, su “chico”.
Cómo cambian las cosas, ahora la que quiere tiene blog, que nada que ver tiene con estudiar una carrera o publicar un libro, pero más de un blog es mil veces mejor que los best sellers que andan dando vueltas. Así que: hijas, cuando sea una madre castradora, háganme leer esto.